Moraña posee unas ricas y antiguas raíces, y una de sus manifestaciones es toda una serie de construcciones salpicadas por todo el ayuntamiento durante miles de años, utilizando como principal materia prima la piedra. Con la romanización también llegó la cristianización de estas tierras y de los pueblos que los habitaban, y fruto de eso fué la proliferación de templos –de los que destacan de época románica las iglesias de San Pedro de Rebón y San Martiño de Gargantáns-, capillas y hermidas, y construcciones civiles, como pazos y casonas blasonadas, testigos de la residencia de familias nobles poseedoras de grandes propiedades en la zona, y cuyas viviendas fueron rehabilitadas y utilizadas como atractivo del turismo rural.

